Y este año, ¿qué?

Desde el Monte de los Pinos… por Adrián Angulo Ruiz*

Ayer estuve dando un paseo por las calles de Briviesca. Tocaba callejear un rato. Me he pateado medio pueblo de arriba abajo. Quería observar cómo reaccionan los briviescanos ante las elecciones municipales y autonómicas del próximo domingo. Se oyen opiniones de todos los tipos. Ya se sabe que para gustos están los colores. A mí me gusta el verde, ¿y a ustedes?

Mientras caminaba por el casco histórico he escuchado el run run de la gente. Esos que dicen: “Bah, yo paso de la política”, “yo este año no voy a ir votar, total para lo que hay, no me gusta ninguno”, “¡que vuelva José Mari!”, “este año yo voto al SOE”, “esos de Democracia Nacional, ¿quién son?”, “yo doy mi voto a la Toya, ¡qué se presente!”, “a ver si IU saca dos por lo menos” “esos están metidos por interés”… y cómo estos, pues imagínense.

Otros hacen sus cávalas y debaten sobre los concejales que va a sacar cada partido. Incluso hay algunos sitios dónde se ha hecho una porra. En ciertas esquinas había corrillos de gente mirando los carteles: “¿No le conoces? Si hombre… ese que vive… el de… que está casado con… sabes quién te digo ahora ¿no?…”

Si nos fijamos donde se han pegado los carteles, todos los partidos quieren coger el mejor sitio. El caso es que se les vea bien. Algo obvio. No es lo mismo pegar un cartel en la mismísima esquina de ‘La Pucha’, que se cotiza caro, que en un árbol del polígono industrial que lo van a ver los cuatro que pasean por allí. Está todo el pueblo empapelado. No hay ni un solo hueco para poner una esquela o el anuncio de “se vende/alquila”. Mal momento para morirse y hacer negocios porque casi nadie se va a enterar.

Una costumbre que se lleva mucho en campaña electoral es que los partidos se apropien de las paredes de inmuebles privados para pegar sus carteles al rico albedrío. La excusa es tan sencilla como “ya había uno, no pasa nada, aquí se puede”. Va a ver que empezar a rotular las paredes de Briviesca con la frase “prohibido fijar carteles, responsable la empresa anunciadora” para ver si se dan por aludidos. Los partidos políticos tendrían que respetar esos sitios, que por muy golosos que parezcan para pegar un cartel, no son los más idóneos. Tendrán que buscar alternativas. ¿Por qué en Briviesca no hay paneles de campaña para poder pegar esos carteles? Vas por la calle y te los encuentras por todos los lados, en farolas, árboles, papeleras, contenedores de basura, vallas de obras, cristaleras de locales en desuso… Ya solo falta que nos los coloquen en las ventanas de nuestras casas.

Pero lo peor de la cartelería es que no duran ni un segundo en las paredes. Están tirados en el suelo o arrancados. Eso hace daño a la vista y afea a la ciudad. Como se nota que la empresa encargada de la limpieza en Briviesca, tiene firmado en el contrato limpiar toda la propaganda política después de los comicios. Que no les pase nada el lunes. O mejor dicho, que se lo tomen con paciencia porque van a tener que raspar.

El respeto brilla por su ausencia. Si en un sitio hay un cartel ya pegado, la competencia va y pone cincuenta al lado. Todos lo hacen, eso ni tan mal, ley de vida. David contra Goliat. Hay partidos que tienen más presupuesto en campaña para carteles que otros. Siempre ha habido clases. Unos tienen algo y otros tienen algo más. Pero la maniobra más sencilla es optar directamente por quitar el cartel del rival, romperlo y poner el tuyo encima. Mis dos ojos, aunque sean miopes, lo han visto. El forofismo ha llegado a la política. Las aficiones de unas y otras candidaturas se hacen notar. En algunos momentos se creen hooligans. Solo les falta pintarse la cara.

Otra técnica muy dada por estas fechas es la del retoque. En algunos carteles los candidatos aparecen tachados, con bigote, con gafas, con cuernos, con miembros viriles, con comentarios… Eso quiero creer que venga de actos vandálicos de los jóvenes que no tienen otra cosa mejor que hacer que ir por ahí pintando a diestro y siniestro.

Esto de los carteles en 2011 suena como algo prehistórico. Habrá que preguntarse hasta que punto son eficaces este tipo de campañas y cuánto dinero cuestan. Y todos los años con la misma canción, derrochando papel.

Paseando por la calle Justo Cantón Salazar pensaba que iba a llegar la Vuelta Ciclista a Burgos con tanta pancarta. ¿No las había más grandes? Creo que el que no sepa que hay elecciones vive en los mundos de Yuppy. Ni en las fiestas patronales se decora tanto el pueblo.

Para los coleccionistas de souvenirs les recomiendo que se den un paseo. Se van a encontrar de todo. Igual se vuelven a casa con un bolígrafo de esos que dices que son de propaganda, pero que suelen escribir mejor que los que compras en la imprenta. O con un mechero, que acaba en el cajón más olvidado de tu casa. No lo llevas en el bolsillo por si alguien te pide fuego y te hace el comentario de turno. No vaya ser que se te vea el plumero.

El merchandising de la campaña electoral tiene connotaciones de muchos tipos. Hablemos de los globos. Ves a los niños por la plaza Mayor jugar con ellos, mientras los padres se lavan las manos diciendo, “…no es que se lo han dado a mi hijo y no veas que contento está…”, como no queriendo saber nada del tema. Y que me decís de los caramelos, que muchas veces saben mejor que los que te compras en la tiendas de chuches…

Siguiendo con los actos de la campaña, centrémonos en los mítines. La piedra angular de unas elecciones. Esos eventos propagandísticos en los que sólo van los afiliados del partido como ovejas que obedecen al buen pastor y en algunas ocasiones los que no tienen nada que hacer por si regalan algo o dan de comer y beber gratis. Al final siempre acuden los mismos. Ya hay que tener mucho tiempo libre para ir.

En los mítines pueden pasar dos cosas, que te duermas o que salgas con las pilas cargadas a tope. Todo es tan bonito, tan prometedor, tan guay. Te dicen lo que te quieren contar. Es como una especie de secta en la que todos aplauden al líder sin saber por qué o sin enterarse de lo que ha dicho porque tienden a irse por los cerros de Úbeda.

Otra de las cosas que más me llama la atención es la visita a la ciudad de un cargo político nacional, llámese ministro, portavoz o secretario general. Lo anuncian a bombo y platillo y sacan pecho. “…Que va a venir Valeriano Gómez o que ha estado Mayor Oreja en Briviesca…”, por poner dos ejemplos. Y a mí qué me importa. ¿Qué saben ellos de Briviesca? Es como si conocieran de toda la vida a los candidatos a la alcaldía, como si hubieran pasado la infancia juntos. Parafernalia. Sólo vienen para sacarse la foto y ya está. Su nómina viene con ello. Cuando hay elecciones los partidos tienden a mover a los grandes líderes políticos a que lancen discursos persuasivos. Eso más que una acción de cara a las municipales es publicidad, yo diría que casi encubierta, enfocada a los comicios generales. No creo que en su viaje desde Madrid (dos horas y media, ahora algo más por las obras en la A-1) estén empollándose los folletos turísticos del pueblo y revisando la historia política de Briviesca. Por lo menos ya que vienen tendrán el detalle de darles una cajita de garrapiñadas y unas morcillas envasadas al vació para que repitan al año que viene.

Este año las nuevas tecnologías han irrumpido con fuerza en la campaña electoral de Briviesca. Todos quieren estar a la última, van de modernilllos progres. Los políticos invaden las redes sociales en busca del voto joven, el que se supone que es el indeciso y por el que tienen que luchar. Saben que aquí pueden rascar algo. Ya veremos cuantos partidos mantienen actualizadas sus cuentas de Facebook o Twitter después del domingo. Y si no, al tiempo. Sólo aquellos concejales que estén un poco enganchados a Internet seguirán dentro del mundo virtual.

Lo cierto es que este año ha habido mucha cautela. Como diría Sun Tzu, “El arte de la guerra esta basado en el engaño”. Cada partido ha estado más pendiente de lo que hacía su rival, que de centrarse en explicar de forma rigurosa y clara sus programas. A la gente lo que le interesa es que hablen de lo que van hacer por Briviesca, que les digan por qué van apostar por unas cosas y no por otras, cómo lo van a financiar, cuál es el futuro… Esto es lo que realmente importa. Contar con claridad y sin rodeos sus deseos.

Hace unos días estaba en el monte de los pinos repasando los programas de 2007. Eso era el pasado. Por eso hoy estoy en el sofá de casa echando un vistazo a los de 2011. Grandes ideas, muchas propuestas… A ver si cuajan. Os invito a que los leáis y valoréis.

El 22-M está muy cerca. Es ahora cuando entran las prisas. Hay que ganar adeptos, conseguir votos, convencer a los indecisos, hacer cávalas, echar cuentas y mirar por el rabillo del ojo lo que hace el uno, lo que hace el otro. Es el sprint final, echar el último aliento antes de llegar a la meta. Tras dos semanas de campaña electoral se baja telón. Hay que dejar buen sabor de boca entre los simpatizantes. Los elogios y las promesas se duplican. Los mensajes son más persuasivos y más directos. El resultado lo van a ver el domingo.

Estos últimos días, la juventud de España (según dicen, una de las generaciones más preparadas y con más conocimientos de la historia moderna) se ha movilizado en las grandes ciudades. Han salido a la calle en señal de protesta contra los políticos y sus intereses partidistas bajo el lema “Ellos no nos representan” impulsado por la plataforma ‘Democracia Real, Ya’. No dejemos que Briviesca caiga en eso. Que los que suban al poder hagan las cosas con ganas y sobre todo que las hagan saber.

Ganar unas elecciones no es ganar un partido de fútbol. No se trata de salir vencedor el domingo a celebrar el título de alcalde como aquel que pasea una Copa ante su afición y llevarse la ovación de sus afiliados. Es algo más. No son 90 minutos, son 2.103.840. Tiempo suficiente para hacer cosas. Es demostrar a los ciudadanos que te han dado el apoyo y a los que no, que durante la legislatura se es capaz de mirar por el bien común: que es Briviesca, y su gente. Que los que alcancen la alcaldía demuestren con hechos fehacientes por qué han llegado hasta allí. Y los que no lo han conseguido, que no se sientan derrotados. Que no bajen los brazos y se queden parados en silencio. Que se los oiga. Que ayuden. Para que el porvenir de Briviesca sea positivo para todos.

Da igual que gobierne PP, PSOE, IU, PCAL ó DN. Se trata de que gane el pueblo, que gane Briviesca, que ganemos todos. Que todas esas promesas se hagan realidad y si no puede ser, que se acerquen a lo prometido. Que la corporación municipal que entre al ayuntamiento se deje la piel por Briviesca. Cuatro años dan para mucho. Que se apoyan unos a otros y dejen de lado las discrepancias partidistas. Que se unan para hacer de Briviesca una localidad modelo y referente dentro de la provincia de Burgos.

Para que el domingo tú voto no sea uno más. Vota útil. Que los candidatos lo sepan y lo hagan saber.

*Adrián Angulo Ruiz, es briviescano desde 1983. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Valladolid y periodista por la Universidad Carlos III de Madrid. Posee un postgrado en Investigación aplicada a Medios de Comunicación. Actualmente desarrolla su actividad laboral en el diario MARCA y está desarrollando una tesis doctoral bajo el título: “La influencia de la prensa en el voto político de la sociedad”.
Le podéis encontrar en twiter: @adriangulo

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